De Hawai a Moscu La gran intriga de Edward Snowden, el hombre más buscado por EE.UU.

Por Pablo Rodillo

Hong Kong, China, principios de junio.

El periodista del diario británico The Guardian, Glenn Greenwald, y un grupo de documentalistas, esperan a alguien en el lobby del Hotel “The Mira”, ubicado en una concurrida calle del barrio Kowloon de la ex colonia británica.

13-07-2013_Internacional@1_Snowden.1_thumbEl individuo, con quien llevan al menos cuatro meses de contactos esporádicos a la distancia, debe esperarlos en el lugar acordado con un cubo rubik en sus manos. Esa es la señal. Pero los periodistas se sorprenden, ya que el hombre al que ven sosteniendo en sus manos el clásico juguete es un joven que no llega a la treintena y que no tiene ni la actitud ni los rasgos de quien, suponen, es un avezado espía.

Y es que Edward Snowden —que cumplió 30 años el 21 de junio pasado— no es un espía profesional, sino sólo un técnico experto en sistemas que trabaja para una empresa privada subcontratada por la poderosa Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA). De espiar no sabe nada, pero aun así se prepara para dar un golpe a la cátedra digno de una novela de John Le Carré: hacer públicos documentos clasificados de alto secreto sobre varios programas de vigilancia electrónica de la NSA, incluyendo el ultraconfidencial PRISM.

Con herramientas como ésa, revelarían los documentos filtrados por Snowden, la NSA obtiene acceso a e-mails, búsquedas por internet, archivos y conversaciones de cualquier persona en cualquier parte del mundo. Según se supo, a partir de eso genera aproximadamente 2.000 informes al mes y más de 77.000 expedientes se han apilado desde que el programa fue puesto en marcha por el Presidente George W. Bush, y luego mantenido por su sucesor, Barack Obama.

Una intriga de la que aún no conocemos el final, pues Snowden, tras salir de Hong Kong, llegó al aeropuerto de Moscú, donde permanece hasta hoy a la espera de un destino incierto en alguno de los países donde podría recibir asilo, todos ellos ruidosos críticos de Estados Unidos y su política exterior, como Venezuela, Bolivia y Nicaragua. El joven reapareció ayer en público por primera vez en tres semanas anunciando que pedirá asilo temporal a Rusia, a la espera de poder viajar a algún país de Latinoamérica, y comprometiéndose a no seguir dañando los intereses de EE.UU., una de las condiciones que ponía el Kremlin para autorizarlo a quedarse.

Porque hoy la preocupación de Snowden es una sola: evitar caer en manos de las autoridades de EE.UU., que quieren acusarlo de “robo de propiedad del gobierno” y de “comunicación no autorizada sobre información clasificada y de la defensa nacional”, según reveló un documento enviado desde la embajada norteamericana en Quito al gobierno de ese país (uno de los lugares donde se especulaba que podía recibir asilo).

La historia ya ha tenido repercusiones geopolíticas, pues a la fuerte y pública molestia de muchos países ante la evidencia de que son espiados por Washington —incluso varios de sus aliados en el mundo occidental—, se suman los roces que ha generado el periplo internacional de Snowden entre la Casa Blanca y los gobiernos de Beijing y Moscú, así como el polémico episodio en que fue detenido en Europa el avión del Presidente de Bolivia, procedente de la capital rusa, al sospecharse (erróneamente) que en él viajaba escondido el prófugo estadounidense. (Ver recuadro )

Pasaje de ida…

Semanas antes, concretamente el lunes 20 de mayo, Snowden se aprestaba a tomar en Hawai un avión que lo llevaría a Hong Kong. ¿Por qué fue ésa su primera parada?

“Sería interesante saber por qué Snowden eligió Hong Kong en un principio. ¿El Estado de Derecho?, ¿la prensa libre?, ¿exiliarse en China? El no ha dado explicación alguna. Pero la elección de China y Rusia es altamente simbólica para los Estados Unidos. Si alguien planea irritar lo máximo posible a los estadounidenses, hay que ir a estos dos lugares”, asegura a La Segunda el ex diplomático, analista y escritor británico Kerry Brown, quien dirige el Centro de Estudios Chinos de la U. de Sydney.

Como sea, hacía meses que Snowden fraguaba dar a conocer el programa de espionaje de la NSA. Obsesionado por la falta de privacidad en internet, no le gustaba dejar rastros en su entorno virtual y no participaba en las redes sociales, por eso lo que encontró mientras trabajaba en Booz Allen Hamilton, empresa contratista de la NSA, violentó todas sus creencias.

“No quiero vivir en un mundo donde todo lo que yo diga o haga sea grabado. No es algo que yo estoy dispuesto a soportar ni aguantar”, diría después a The Guardian para justificar sus acciones.

Según dijo a La Segunda desde Washington el experto en seguridad nacional de la U. de Georgetown y ex embajador del Departamento de Estado, Mark P. Lagon, “la motivación de Snowden fue totalmente política. El cree que el gobierno realiza prácticas que él considera erróneas”.

Atrás dejaba a su familia en Maryland, a su novia experta en el baile del caño, a su casa en Hawai y a su trabajo bien remunerado como administrador de sistemas en Booz Allen Hamilton. “Se transformó en realidad en un disidente, no en un espía”, sostiene Lagon.

Pero Snowden necesitaba una excusa creíble para ausentarse de su trabajo y llevar adelante su plan, pues llevaba sólo tres meses en el puesto y aún no tenía derecho a vacaciones. ¿La solución? A sus empleadores les dice que tiene que tratarse su epilepsia y que sólo estará fuera de la oficina por un par de días. A su novia, con quien llevaba más cuatros años de relación, sólo le informa que debe salir de viaje por un tiempo, sin darle más detalles. Ella entiende y no hace preguntas, pues sabe que su novio trabaja para la inteligencia de EE.UU.

Así, Edward, con poco equipaje —cuatro notebooks , un pendrive , las memorias del ex vicepresidente de EE.UU. Dick Cheney, el cubo Rubik y una maleta negra con ropa—, aborda el vuelo hacia China.

A Hong Kong arriba el 21 de mayo, 17 días antes de que The Guardian y el diario estadounidense The Washington Post publicaran sus revelaciones. Por dos semanas, no sale de su habitación y en la puerta coloca almohadas para evitar que el sonido salga al exterior, según relata el diario inglés. Sabe que se convertirá en blanco de Washington, al igual que pasó hace un año con el australiano Julian Assange, el fundador de WikiLeaks que difundió miles de cables diplomáticos comprometedores para EE.UU. y que hoy se refugia en la embajada ecuatoriana en Londres, para evitar ser extraditado a Suecia, donde enfrenta un juicio por presunta violación.

“Existe una gran diferencia entre Assange, que difunde información, y alguien que se ha comprometido a guardar el secreto de trabajar para un gobierno o para los contratistas privados de ese gobierno, como lo hizo Snowden. El ha cometido un acto criminal al romper su obligación asumida voluntariamente”, dice Lagon.

Estalla la “bomba” Snowden

Washington D.C., viernes 7 de junio.

En la Casa Blanca cae la noticia bomba cuando The Guardian y The Washington Post dan a conocer el programa PRISM de la NSA en sus ediciones matutinas, en las que Snowden usa el nombre de fantasía “Verax”. El mundo se entera de que el gobierno estadounidense recolecta información a través de Google, Facebook, Apple, Skype y otras compañías de telefonía —como Verizon— para espiar a sus propios ciudadanos y a los de otros países.

En su blog personal, Daniel Ellsberg, el mismo que en 1971 dio a conocer los famosos “Papeles del Pentágono” revelando el fracaso de la campaña militar norteamericana en Vietnam, se refiere a su país como los “UnidedStasi of America”, en alusión a la siniestra policía secreta de la antigua Alemania oriental.

Obama inmediatamente sale al ruedo a justificar los programas de vigilancia doméstica y externa como parte indispensable de “la lucha contra el terrorismo”. Pero la noticia levanta críticas en todo el mundo, incluso Chile, uno de los tantos países vigilados. Hasta ese momento, sin embargo, aún nadie sabía del nombre de Snowden, ni siquiera en la Oficina oval. El sigue en Hong Kong, en su hotel de más US$ 300 la noche.

Pero dos días después su rostro da la vuelta al mundo cuando, con su autorización, The Guardian publica la entrevista en video grabada por la documentalista Laura Poitras. “No he hecho nada malo”, dice Snowden frente a la cámara, encendiendo las alarmas en Washington. “(Las agencias de inteligencia) van a estar muy ocupadas la próxima semana” dice Snowden, quien deja su hotel al día siguiente, tras enterarse de que Estados Unidos anuncia que lo perseguirá.

El gran escape

Había que abandonar Hong Kong. Con el gobierno de Estados Unidos tras sus pasos y con cada vez menos dinero, según informó la cadena estadounidense CNN, políticos locales y un grupo de abogados aconsejan a Snowden salir de China o correr el riesgo de ser extraditado a su país.

Al otro lado del mundo, Julian Assange toma nota y ordena a su asistente personal, Sarah Harrison, volar a Hong Kong, pues Estados Unidos ya había dado la orden de caducar el pasaporte de Snowden, que sin él no podía ir a ningún lado.

Assange sabía que Harrison no debía llegar a la ciudad china sin un as bajo la manga y gestionó personalmente ante el gobierno de Islandia una petición de asilo para el estadounidense, la cual fue denegada. Lo mismo intentó el hacker australiano con Ecuador y otros países, pero sin éxito.

A esos esfuerzos se sumó la posibilidad de que el abogado de Assange, el mundialmente renombrado Baltasar Garzón, asumiera también la representación de Snowden. El ex juez español pareció inicialmente abierto a considerarlo —“El equipo legal de Wikileaks y yo estamos interesados en preservar los derechos del señor Snowden y de proteger a esta persona. Lo que está sucediendo con él y Assange por informar es un atentado contra las personas”, dijo—, pero lo descartó explícitamente días después.

Sin embargo, la suerte le sonrió a Snowden en forma imprevista.

“Ante la desesperación de que le iban a quitar el pasaporte e iba a ser capturado, nuestro cónsul (en Londres) comete un grave error y le da un salvoconducto (a Snowden) sin ninguna validez, sin conocimiento del gobierno y sin autorización”, explica el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, días después de que el ex analista estadounidense deja territorio chino.

Fue este salvoconducto el que lo sacó sorpresivamente de Hong Kong el día 23 de junio, rumbo a Moscú en un vuelo de Aeroflot, horas antes de que EE.UU. pidiera su detención a las autoridades chinas. El documento, de pasó, abrió otra polémica: según reveló la cadena Univisión, la participación e injerencia de Assange en las negociaciones entre Quito y Snowden provocó una crisis al interior de la diplomacia ecuatoriana y dejó en evidencia que la permanencia del australiano en la embajada londinense genera serias molestias a Ecuador.

Aunque Estados Unidos se queja ante China por dejar salir a Snowden sin detenerlo, Beijing se lava las manos y responde que el estadounidense no ha cometido ningún delito. Algo parecido dicen las autoridades rusas tras el sorpresivo arribo de Snowden a Moscú: se trata de un pasajero “en tránsito” en el aeropuerto de la capital y no ha entrado ilegalmente al país. “Aparte, no tenemos tratado de extradición con Estados Unidos”, comunica el Kremlin, para frustración de la Casa Blanca.

Snowden lleva casi un mes en la “zona internacional” del aeropuerto Sheremétievo, esperando viajar pronto a alguno de los países que le han ofrecido asilo, de los cuales el más probable sería Venezuela. De momento, sólo se sabe que tiene acceso a internet y así ha podido comunicarse. “No está bajo la custodia ni detención de nadie y nunca lo ha estado”, dice Glenn Greenwald, el periodista de The Guardian que destapó el extraordinario caso.

 http://www.la2da.cl//Pages/SearchResults.aspx?ST=hacker&SF=1&SD=09-07-2013&ED=08-08-2013&RF=&RT=&WD=–%20Todos%20–&NewsID=47159&IsExternalSite=False

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