Cyberbullying: el enemigo en la red

El más gordito de la clase o la ex amiga de la más popular ya están recibiendo feroces comentarios por Whatsapp o Facebook. El acoso virtual tiene cancha en el país porque niños de cinco años tienen Facebook y de seis, su propio celular, lo que facilita el mal uso de internet. Mala cosa, porque se trata de un acoso más dañino, extendido e inagotable.

 

1716363_300Este año el acoso comenzó en febrero. “Vai a llegar igual de watón este año?”. “¿Cuántas veces fuiste al McDonald’s el verano? ¿Mil?”. “A quién le importa qué hiciste en el verano, watón csm”. El grupo de whatsapp del séptimo básico de un colegio particular de Peñalolén no esperó la entrada a clases para volver a molestar a la víctima de turno, un adolescente con sobrepeso evidente, que vive al frente de un local de comida rápida y que tiene un apellido que rima con el nombre de una de las hamburguesas de ese establecimiento.

Los acosadores son un grupo de niños y niñas de entre 12 y 13 años que no dan tregua: en el colegio lo ignoran. Fuera del horario de clases, incluidas las vacaciones, lo masacran a mensajes ofensivos.

“Los jóvenes ahora están conectados entre sí, independiente de la época del año, aunque no estén en época de clases. Los niños se comunican dentro y fuera del colegio y si hay molestia, el acoso continúa”, describe Juan Pablo Westphal, sicólogo de la Clínica Santa María, dando cuenta de un fenómeno que también se ha hecho notar en los colegios, que están atentos a lo que los alumnos publican en las redes sociales los veranos, como comenta Pablo Ugarte, sicólogo de un colegio particular de Lo Barnechea.

El pasado miércoles 27 de febrero el adolescente que vive frente al local de comida rápida tuvo que volver a clases. Su colegio fue uno de los primeros en comenzar el año escolar que, a estas alturas, ya tiene a todos los establecimientos funcionando normalmente. Es decir, ya están todas las condiciones que necesita el ciberbullying para seguir alimentando las cifras de los casos registrados por el Mineduc que el año pasado marcaron un récord (11.400 del total de 228 mil casos de violencia y acoso) y que tienen a apoderados y colegios intentando establecer métodos de control -aún sin muchos resultados- para un acto que puede llegar a ser incluso más traumatizante que el bullying y también más difícil de detener.

Y aun cuando el porcentaje de jóvenes que usa internet para el matonaje es bajo, sólo representa el 5% del total de casos de violencia y acoso escolar, Chile es el país latinoamericano donde hay más cybermatonaje en niños de entre 10 y 18 años. La cifra es de 2010 y es parte del estudio La Generación Interactiva en Iberoamérica 2010. Niños y adolescentes ante las pantallas, realizado por la Universidad de Navarra y la Fundación Telefónica.

Una cuestión de acceso

Desde la publicación de ese estudio hasta ahora, los episodios solamente han aumentado. Una de las razones es la alta penetración de computadores en las casas (el 63% de los hogares chilenos tiene computador y la penetración de banda ancha e internet móvil 3G es de 37,3 por cada 100 habitantes) y de los celulares. Algo que se vio en el estudio de la U. de Navarra y la Fundación Telefónica. Como dice a Tendencias Charo Sádaba, vicedecana de Posgrado y Relaciones Externas de la Universidad de Navarra y una de las autoras de la investigación, “Chile era el país donde los niños tenían mayor acceso a la tecnología, por lo tanto, en ese escenario de mayor desarrollo tecnológico tiene cierta lógica también que esos malos usos de internet se den en mayor medida”.

Cuando Sádaba habla de mayor acceso a la tecnología, se refiere a que en este país a los seis años o menos, el 42% de los niños y el 39% de las niñas tienen celular propio. A los nueve años, esto sube hasta el 61% de los niños y niñas. En esos términos, Chile es el país donde más niños poseen un teléfono propio en la región. Y sólo el 17% de los que tienen entre seis y nueve años recibe un teléfono porque lo pidió: al resto se lo regalaron y entregaron sus padres (La Generación Interactiva en Iberoamérica 2010).

Así las cosas, hacer cyberbullying no requiere de gran esfuerzo, los aparatos e internet están a disposición de quien quiera usarlos, y las redes sociales como Facebook, Whatsapp y la más reciente, Ask.fm, son el mejor canal para hacerlo, sobre todo si se considera que la mayoría de los jóvenes tiene cuenta en alguno de ellos (47,3% de los menores entre cinco y nueve años tiene un perfil en Facebook. Radiografía Chile Digital 2.0).

“Hoy cualquiera tiene un dispositivo con acceso a internet. Lo hemos constatado en todos los colegios, independiente del estrato socioeconómico”, dicen en la PDI, institución que cada vez más es requerida por los colegios para que dé charlas preventivas sobre el tema para apoderados (en 2006 participaron 14 mil personas y el año pasado fueron casi 38 mil asistentes, según datos PDI).

La ecuación teléfono+internet, entonces, puede llegar a ser explosiva en manos adolescentes: el 11% de los jóvenes chilenos de entre 10 a 18 años reconoce haber utilizado el celular para hacer daño y el 8% declara haberse sentido perjudicado alguna vez por un mensaje, foto o video enviado a través del celular (La Generación Interactiva en Iberoamérica 2010).

Es explosivo. E imperceptible. Porque ni los padres ni los colegios tienen fácil acceso a lo que ocurre en el ciberespacio. “Los adolescentes tienen una vida íntima a la que muchas veces los profesores y los padres no tenemos acceso”, dice Marcela Ahumada, recién asumida directora del Liceo Carmela Carvajal.

En esos términos, en la PDI dicen que hoy los smartphones son una de las herramientas más validadas por los chicos para atacar a sus compañeros. Y para los colegios es más complicado controlarlo: “Es difícil de manejar porque se puede dar desde la habitación de la casa de un niño”, dice Patricio Cortés, profesor y miembro del Comité de Convivencia del Colegio Trewhela’s. Eso, sin contar con que internet puede proveer una cuenta falsa a quien quiera tenerla, lo que dificulta aún más el seguimiento y control del matonaje.

Más agresivo y femenino

Si hay algo que diferencia al matonaje del cybermatonaje es el grado de agresividad al que puede llegar el segundo, justamente porque es más “privado”, es decir, porque no está en la sala ni en el recreo. En el acoso frente a frente hay ciertos límites impuestos por el entorno y por la sanción directa de profesores y padres. “Muchos creen que porque están a kilómetros de distancia el contenido del mensaje puede tener incidencia a nivel de broma o la consecuencia puede ser menor. Pero no es así”, explica Ugarte.

De hecho, es todo lo contrario. Como en el acoso digital no hay cara a cara, el sentimiento de culpabilidad o el arrepentimiento se minimizan: no se ven los efectos del daño. Y lo puede ejercer cualquiera: en el bullying la supremacía física es importante, sobre todo en el matonaje masculino. En internet no hay que tener fuerza física ni mayor estatura.

Quizás por eso es que la agresividad se da en mayor grado en las mujeres. “El ciberbullying se da por motivaciones como la venganza. Por ejemplo, las amistades deshechas o a quien te quitó el pololo. Esto pasa más en niñas que en niños. Ellos se suman después porque son más burlescos”, comenta Grace Toledo, directora ejecutiva de Corporación Respétame.

Esto concuerda con un estudio de Criteria Research para VTR: cuando a los alumnos se les preguntó sobre las razones que motivan el ciberbullying, el 17% dijo que para sentirse superior al resto, y el 15% por envidia. “Las niñas despiertan antes que los niños: en sexto básico ya tienen interés en el sexo opuesto y empiezan las rivalidades. Y son más intensas, demuestran más sus emociones, luchan por lo que quieren. Eso hace que reaccionen más violentamente por internet diciendo cosas que a lo mejor no dirían a la cara porque son muy fuertes”, complementa Raúl Peñaloza, orientador educacional del Kent School.

Un ejemplo de esa rivalidad y matonaje femenino es el que presenció Josefina (11), que el año pasado le tocó ver cómo dos populares “mejores amigas” de su curso se pelearon a muerte porque les gustó el mismo niño de un nivel más arriba. Como eran amigas, tenían el mismo grupo en Facebook y Whatsapp, justamente las dos vías que eligieron para ventilar los secretos de la otra, además de insultarse. “Puta” era lo más suave que circulaba.

El curso, entonces, tomó partido y una de ellas quedó en clara desventaja. El conflicto, al final, terminó cuando comenzó a circular una foto tomada por debajo del jumper a la niña que quedó más aislada de las dos. Un partidario de la “más fuerte” fue el autor y el que la subió a internet.

El rumor y la foto corrieron por los pasillos, hasta que los profesores se dieron cuenta e intervinieron. El procedimiento fue el habitual: conversaron con las niñas, citaron a los papás y se hicieron charlas y talleres. La situación se calmó, pero la niña de la foto se fue del colegio.

A diferencia del bullying, cuando el acoso es virtual la víctima siempre tiende a ser alguien conocido, popular. “El cyberbullying no se hace a la gente que no tiene amigos porque nadie los conoce. No te sirve hacerlo a alguien que no tiene amigos en las redes sociales. Si en el bullying el popular acosa a los inteligentes, acá se da vuelta el rol de víctimas y victimarios”, dice Grace Toledo.

Ahora, en lo que sí se parecen el acoso cara a cara y el virtual es en la reiteración. En las denuncias por acoso virtual, el 41% dijo que son varias veces al mes, el 35% son varias veces a la semana y el 24% son todos los días.

Qué hacer ahora

El adolescente que vive frente al local de comida rápida aún no les cuenta nada a sus padres. Sólo una vez se atrevió a acusar a sus acosadores y la profesora los retó. “Con un reto esto no para”, dice Antonia (11, nombre cambiado), una de sus compañeras.

De acuerdo a la Ley 20.536, todos los colegios debieran tener activo un comité de convivencia escolar para casos de acoso y violencia escolar. Pero, por el momento, las cifras de casos de matonaje no dibujan un panorama muy alentador. La pregunta que corre, entonces, es si esto bastará para controlarlos. “Hay que generar autorresponsabilidad”, apunta Marcela Ahumada. Es casi imposible estar al tanto de todos los detalles de la vida privada de los hijos y ellos tienen derecho a tenerla, agrega.

El punto es que los jóvenes sepan que subir tal o cual foto puede traer una fila de comentarios que provoquen daño. “No todo puede ser fiscalización y sanción. Si partes cerrando las redes sociales, ¿después les tienes que cerrar la boca? No se trata de controlar las redes sociales, sino que impere un ambiente de respeto. Y ahí entran los papás, los colegios y los niños”, concluye Maximiliano Castro, subcomisario y jefe del Departamento de Apoyo y Acción Comunitaria de la PDI.

En ese escenario hay un aspecto central, dicen los entendidos. Tiene que cambiar la supervisión de los padres. Es decir, reducir significativamente el 41% que dice que “mis padres no hacen nada mientras navego por internet” y que la única mediación de los adultos es “echar un vistazo” mientras sus hijos están navegando.

 

http://diario.latercera.com/2013/03/09/01/contenido/tendencias/26-131654-9-cyberbullying-el-enemigo-en-la-red.shtml

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