Burla al Derecho Internacional

El caso de Julian Assange ha adquirido una nueva dimensión después de que Ecuador decidiera ayer otorgar “asilo diplomático” al egocéntrico fundador de WikiLeaks, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres desde hace dos meses. Las autoridades de Quito han asumido la tesis de Assange de que es víctima de una persecución política internacional, a pesar de que en realidad estaba a la espera de ser extraditado desde el Reino Unido a Suecia, acusado de los delitos de violación y de abusos sexuales.

Assange se ha hecho famoso por poner en marcha una red de filtración masiva de información -sobre todo procedente de embajadas de Estados Unidos- que fue facilitada a varios medios de comunicación internacionales con un mensaje antiamericano primario y que ha resultado ser una colección de correos electrónicos anecdóticos y poco trascendentes.

El ex hacker australiano, paladín autoproclamado de la libertad de expresión y adicto a las conspiraciones, ha preferido asilarse en el Ecuador del Presidente Rafael Correa y eludir así la acción de la justicia de países tan respetables como Suecia o el Reino Unido. En una arrogante burla al Derecho Internacional, Assange ha argumentado que teme que vaya a ser trasladado a EE.UU., donde le podrían aplicar la pena de muerte si es condenado por espionaje, al haber difundido información confidencial. Ese mismo razonamiento fue esgrimido ayer por el ministro ecuatoriano de Exteriores al exponer las razones de su gobierno.

No obstante, Quito parece ignorar, primero, que las autoridades judiciales norteamericanas no han requerido el arresto de Assange y, segundo, que si lo hicieran, tanto los suecos como los británicos deberían frenar su extradición a EE.UU., porque eso podría suponer una violación de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derecho Humanos, que impide que una persona pueda ser extraditada a un país donde se aplique la pena capital. En cualquier caso, Assange no es un refugiado político para el Foreign Office, sino alguien que utiliza el asilo “para escapar de los tribunales”. Por eso ya ha dicho que no va a permitir que consiga un salvoconducto.

Se abre, pues, una batalla jurídica que puede desembocar en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Produce vergüenza ver a Baltasar Garzón -que peleó por que Pinochet fuera extraditado para responder ante la Justicia- tratando que Assange eluda ahora ir a los tribunales por violar a una mujer.

A Correa le viene muy bien todo este enredo diplomático y jurídico. Su discurso populista se ve reforzado en la búsqueda de réditos políticos ante las elecciones presidenciales de febrero de 2013 que piensa ganar de nuevo. Y el caso Assange se ha convertido en su bandera perfecta para atacar a Washington.

Pero precisamente el Presidente de Ecuador, aliado de Hugo Chávez, no es el más apropiado para dar a nadie lecciones de libertad de expresión.

Por ejemplo, logró que un periodista del diario El Universo de Guayaquil fuera condenado a tres años de cárcel y a pagar al Mandatario una indemnización de 40 millones de dólares por difamación. Se atrevió a llamarle “dictador”.

http://www.mer.cl/Pages/SearchResults.aspx?ST=hacker&SF=&SD=24-07-2012&ED=23-08-2012&NewsID=69535&IsExternalSite=False

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